La intervención en la tienda del Teatro de la Zarzuela de Madrid, edificio inaugurado en 1856 y obra del arquitecto Jerónimo de la Gándara, actualiza los espacios comerciales del vestíbulo de entrada desde el respeto a la identidad histórica de uno de losprincipales referentes de la tradición lírica española. El proyecto transforma la tienda para mejorar su funcionamiento y su relación con el conjunto del teatro, incorporando un nuevo espacio para las taquillas frente a ella.
La propuesta elimina las divisiones que separaban los antiguos espacios de tienda y taquillas para crear un único ámbito, más amplio, abierto y flexible. La nueva configuración mejora las circulaciones y refuerza la continuidad espacial y visual con el hall. Las puertas de vidrio de acceso se ocultan completamente en el interior de los muros mediante un sistema corredero tipo galandage, de modo que, cuando la tienda está abierta, ambos espacios se perciben como continuos; cuando permanece cerrada, el vidrio mantiene la transparencia y la relación visual con su interior.
Los acabados establecen una relación directa con los materiales existentes en el teatro. El nuevo hueco de apertura de la tienda se ajusta a la modulación establecida por la piedra del hall, reforzando la continuidad y el diálogo con la arquitectura existente. El pavimento de terrazo ejecutado in situ, con piedras naturales de tonalidades próximas a las del hall, prolonga su continuidad cromática. El estuco veneciano de paredes y techo, en un tono cercano al mármol rosa de la fachada interior del hall, reinterpreta de forma más abstracta esa misma materialidad. Ambos acabados permiten dotar a la tienda de una identidad propia sin desligarla de la arquitectura histórica.
El mobiliario se concibe como un sistema integrado de exposición y almacenamiento. Los elementos perimetrales y una isla central organizan el espacio manteniendo despejadas las circulaciones. El acero inoxidable vibrado de los muebles y de las baldas superiores unifica el conjunto y, a través de sus reflejos, contrasta sutilmente con los materiales previamente descritos. Las vitrinas de la isla central completan el sistema expositivo. En el puesto de venta, un cierre practicable prolonga la continuidad material de los elementos verticales y permite independizar este ámbito cuando es necesario, aportando privacidad y posibilitando su uso como pequeño almacén.
El resultado es una intervención precisa sobre distribución, materiales y mobiliario que mejora el funcionamiento y la capacidad expositiva de la tienda. La arquitectura existente permanece como referencia, mientras los nuevos elementos responden a las necesidades actuales desde un lenguaje respetuoso y a la vez reconocible. La reactivación del espacio entiende así la conservación no como inmovilidad, sino como la posibilidad de incorporar nuevos usos manteniendo viva la identidad del edificio.
Arquitectos: Donaire Milans Arquitectos, Jesús Donaire y María Milans del Bosch
Colaboradores: Marta Esteban-Infantes y Carlos Pérez
Estudiantes: Elisa Lagna, Marcos Osés y Ana Renedo
Fotografía © Juan Baraja

